He de reconocer que adaptarme a esta nueva vida me está costando, y es que antes, aunque pasara muchas horas en mi gimnasio, tenía tantas horas libres que llevar a cabo mis entrenamientos era tarea super fácil. Pero ahora… ufff, me está costando. Más esta semana, que hasta las 14:00 h no vuelvo a estar en casa, y a mí eso de entrenar por la tarde se me hace más que bola.
Sea como fuere, hoy lunes 19 ha sido ese primer día que he vuelto a dirigir clases a las 7 de la mañana y me ha tocado organizar mis entrenamientos para levantarme de la siesta y ponerme a levantar pesas. Por cierto, han entrado 2 arrancadas colgantes con 58 kilos y 2 cargadas completas también con 72 kilos; la verdad, muy contento. No puedo decir lo mismo de los kilómetros de después, pero eso ya lo sabía yo: después de 5 series de 2 repeticiones de sentadilla trasera con 83 kilos, lo normal era penar en la parte de carrera.
Pero tú me dirás: «¿Y por qué sales a correr después de levantar?». Pues fíjate: cuando empiezas a correr una prueba de larga distancia tus piernas parecen plumas, pero cuando has sobrepasado la distancia maratón y, qué sé yo, unos 2000 positivos, tus piernas pesan toneladas. Claro, como no hayas entrenado esa sensación, lo normal es quitarse las zapatillas y retirarse; de ahí la importancia de salir a correr también nada más terminar de levantar.
Va a parecer que estoy echándome una lloradita, y a lo mejor sí lo es, pero después de todo esto he vuelto a ponerme manos a la obra con el tercer mesociclo de fuerza y trail running. Está feo que lo diga yo —o no—, pero me ha quedado súper chulo, así que para tod@s los que forman el club de entrenad@s, en breve tendrán nueva programación de entrenamientos.
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