Fuerza y Trail Running punto 16

Siempre que un/a entrenad@ me dice que no le apetece entrenar, le digo lo mismo: los días que apetece, esos días suman; pero los días que no apetece entrenar y entrenamos, esos días MULTIPLICAN. Pues eso me ha pasado hoy a mí.

Después de estar de 7:00 h a 13:00 h en el gimnasio, súper bien, todo genial, he tenido una hora y media hasta poder entrenar, así que la cosa ya no iba tan bien. Para mí la gestión del tiempo es súper importante. Menos mal que he entrenado con mi bro y me lo he pasado genial con él, pero después, vuelta a casa, un ratito con Tina en el sofá y suena la alarma… ¡JODER! Tocaban 14 kilómetros que no me apetecían nada, pero había que hacerlos, y se hicieron.

Cuando nos ponemos un objetivo, lo normal es que ocurran cosas, y no siempre buenas, sino malas. ¿Y a qué me refiero con eso? Pues a que se te eche el día encima, a que te dé un bajón de energía emocional en el que lo único que te pida el cuerpo sea peli y manta, o a que, directamente, la rutina te coma. Pero cuando en tu ADN está ese GEN de entrenar ya tan dentro de ti que, pase lo que pase, entrenas, pues entrenas.

No somos mejores por hacerlo, pero te pone en tu sitio cuando en la vida vienen bandadas. Y es que el deporte también es eso: vida. Porque no siempre se gana; se pierde más de lo que se gana, y para ganar hay que perder muchas veces.

Hoy los 14 kilómetros me han costado, pero cada vez que sonaba el pitido del kilómetro me venían a la mente esos últimos kilómetros de un maratón o de una ultra… ¡Joder, qué largos se hacen y cuánto aprendizaje te regalan!

César Millán

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