Fuerza y Trail Running punto 3

    Los sábados casi siempre huelen a tirada larga. Salvo esos fines de semana previo a una carrera o a alguna competición de halterofilia, son sagrados. Hoy, sin embargo, los deberes y el acondicionamiento del futuro gimnasio mandaban, así que la tirada se ha quedado en «casi larga». Pero no importa: poco o mucho, sumar siempre suma, y el objetivo de acumular kilómetros en las piernas se ha cumplido.

    A poco más de un mes y medio de encarar mi cuarto maratón de asfalto, el primer pensamiento al empezar a correr no engañaba: no estoy acumulando el volumen que debería. Pero a medida que pasaban los kilómetros, las reflexiones fueron ganando terreno. Dejar los cascos en casa ha sido todo un acierto; correr en silencio es pura poesía cuando el único ritmo lo marcan el impacto de las zapatillas sobre la tierra y el olor a campo mojado. Sin distracciones, el diálogo interno se vuelve mucho más firme y claro.

    La sesión ha empezado a las 6:45 de la mañana. Frontal encendido, Tina enganchada a la línea de tiro y la premisa clara: rodar suave durante al menos hora y media. Dicho y hecho. Al final han sido 16 kilómetros a 5:56/km, manteniendo las pulsaciones medias en 133 ppm; un entrenamiento regenerativo impecable para sumar sin destruir.

    Hace tiempo leí en un libro de neurología una frase que se me quedó grabada: «mejor muchos poquitos que pocos muchitos». Y el entreno de hoy ha sido exactamente eso.

    César Millán

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