Volviendo a la barra

    Semanas después he vuelto a las barras. Con ganas, sí; con pereza, no. Eso sí: con cabeza, o eso creo.

    La semana después de la USN ha sido rara de narices, pero eso ya lo dejaré por aquí otro día porque la verdad es que nunca había tenido tantos desajustes. Si has oído hablar alguna vez de la homeostasis, mi cuerpo ha estado siete días en busca de ella.

    Hoy, martes 21 de abril, he acumulado ya cuatro sesiones de halterofilia; eso sí, ajustando volumen de series, repeticiones y kilos, buscando de nuevo esas buenas sensaciones post carrera que ojalá estén listas la semana que viene, ya que tenemos la segunda jornada de liga de la Federación Madrileña de Halterofilia.

    La vuelta a las barras ha sido buena; echaba muchísimo de menos esas sensaciones de fuerza corporal. Porque aunque falles una repetición o una jornada de entrenamiento no salga como quieres, comes, descansas y al día siguiente vuelves a repetir; pero correr una ultra no te da esa opción. Después de una carrera larga, el residuo que tienes en el cuerpo no te deja ni vivir.

    Dos días de entrenamiento doblando mañana y tarde, llevando a cabo esa rutina que tanto me gusta de entrenar, comer y descansar. Y es que, aunque no vaya a ningún gran campeonato, el compromiso con los entrenamientos, con mi entrenador y con el club es máximo. Además, es un chute de energía diario que, hasta que no lo sientes, no lo puedes entender.

    Ahora toca reajustar, volver a la rutina y poner el foco en cada levantamiento, en cada comida y en cada descanso para que, en unas semanas largas, las zapatillas vuelvan a formar parte de mi día a día. Pero, por ahora, las zapatillas y la programación de carrera estarán en modo off.

    Pasados los días, veo esta Ultra Sierra Nevada como un logro: por lo conseguido, por cómo lo hice y porque siempre se aprende de los errores.

    Gracias por estar ahí,  César Millán.

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