Si te ha llamado la atención tanto la foto de la portada como la del post, es porque… ¿y ahora qué?
¿Qué viene después de ocho meses de preparación exclusiva? Pues muy fácil: simplemente desconectar y descansar.
Creo que corrían los primeros días de septiembre cuando la organización de Ultra Sierra Nevada, la empresa Terra Incognita Group, enviaba un e-mail informando que los inscritos en la edición 2025 teníamos tres días de preinscripción VIP antes de abrir inscripciones. Así que imagínate; estoy seguro de que todos los enamorados de esta prueba, entre los que me incluyo, haríamos clic en esas fechas. Así que sí: ocho putos meses con Ultra Sierra Nevada en la cabeza, con todo lo que eso conlleva.
Después de muchos kilómetros y no tanto desnivel —esa es una asignatura pendiente—, de no saltarse ni un solo entrenamiento fuera cual fuese el día que hiciera, de comer como un animal y descansar como un bebé, cuando termina la prueba más esperada del año… ¿y ahora qué?
El vacío que uno siente cuando termina es brutal porque, claro, todo tu día, toda tu semana y todo tu mes han girado en torno a ese día. Más aún cuando has puesto todos los huevos en la misma cesta. Así que el día después (que fue hace una semana, aunque hoy sea domingo 19 de abril), tienes ese mismo vacío mental y físico tras afrontar la brutal cantidad de 63 kilómetros con más de 5000 metros de desnivel acumulado. Supongo que ahí es cuando llega ese momento de «sentido común» y paz mental para decir: «Ufff, ahora toca descansar y desconectar».
El «¿y ahora qué?» de esta semana ha sido genial, la verdad, si no fuera porque me dolía todo el cuerpo. Lo primero de todo es que he comido lo que he querido y cuando he querido, ya que mi cuerpo ha estado descontrolado muchísimos días. He dormido lo que me ha dejado la gran cantidad de cortisol que tenía en mi cuerpo —unos días más, otros menos— y todo a causa de esa lucha entre mi dopamina y mi cortisol. Es lo que tienen las hormonas. He paseado en bici, he paseado con Tina y hasta he trotado un poco con Natán y, cómo no, con mi entrenadora personal, Criss. Y ahora sí, he aprovechado para hacer tareas de bricolaje en el gimnasio, que tanto me relajan.
Después de ocho meses de foco en Ultra Sierra Nevada y un volumen de entrenamiento bastante alto, sumado a mi día a día en el gimnasio y los entrenamientos de halterofilia, ahora toca ordenar la ropita de correr, lavar zapatillas y darles un descanso muy pero que muy serio hasta el mes de junio, más o menos, que es cuando comenzaré la preparación del I Maratón Imperial de Toledo (que cae, si no me equivoco, a mitad del mes de noviembre).
Si estás leyendo esto y piensas: «¿Pero si no eres profesional?», en parte tienes razón: no vivo de la competición, pero sí vivo del deporte. No ser corredor o levantador profesional no me exime de llevar una correcta programación de entrenamientos, una alimentación ordenada y basada en el rendimiento de mis dos deportes, y un descanso acorde a los entrenamientos. Al fin y al cabo, es una decisión personal que me lleva a una rutina y disciplina que marca mi día a día y que es, al final, lo que más me gusta: correr, levantar, comer, descansar, repetir.
Gracias por estar ahí, César Millán.

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